En promedio, un 5 % de nuestros niños han sufrido de depresión, y cerca del 10 % de nuestros adolescentes. Sin hablar de las altas tasas de suicidio, que en nuestra región por desgracia también llevan la delantera a nivel nacional. Es por esto que la Dra. Carolinne Román, psiquiatra del Cosam N° 1 y 2, pertenecientes al Hospital Regional Libertador Bernardo O’Higgins, señala que “como psiquiatra infanto adolescente he visto en los últimos años, la gran necesidad de mi especialidad”. Además indica que “he visto como han empeorado los cuadros en niños y la sintomatología psiquiátrica. La vida actual, con sus prioridades en lo económico, y la labor femenina, ligada a trabajos fuera de casa, ha empeorado la situación”, detalla la experta.

La psiquiatra, recalca que “cuando hablamos de depresión es cuando tenemos a un niño triste la mayor parte del día. Cuando ha perdido el interés por las cosas que antes gozaba de hacer además de sentirse decaído, con falta de energía, y sus pensamientos se vuelven negativos. Un niño o adolescente depresivo también puede mostrarnos alteraciones cognitivas, es decir, va estar menos atento en clases, más desconcentrado, poco motivado, puede bajar sus notas. Si a esto sumamos que sus ritmos biológicos van a estar alterados, es decir, dormirá menos o tendrá un sueño poco reparador, podríamos agregar que puede volverse irritable, malhumorado, agresivo y más inquieto. Y ojo en este contexto, porque profesores y padres pueden confundir estos síntomas simplemente con un déficit atencional o con un problema conductual, pero no conocen lo que hay en el trasfondo”, aclara Román.

La psiquiatra infanto juvenil, manifiesta que “también hay otros síntomas que pueden aparecer de carácter físico, como por ejemplo, cansancio fácil, dolores de estómago, nauseas, dolor de cabeza. Aunque nuevamente me gustaría aclarar que además estos síntomas pueden formar parte de una fobia, que además se puede presentar junto a un cuadro depresivo”.

La experta en salud mental enfatiza además que “me gustaría invitar a los padres a que vean con cariño y atención a sus hijos. No siempre son “pataletas”, o “mañas”. Hay que recordar que los niños y adolescentes están en formación y que aún no aprenden a autoregularse. Nosotros como adultos somos quienes debemos enseñarles y contenerlos”.

La Dra. Román, indica que “siempre se debe recordar que estos síntomas son una voz de auxilio y hay que escucharlos. Mirarlos, y preguntarles, cómo se sienten, o qué les pasa, y si no es tan fácil obtener una respuesta, tratar de cambiarla por otra. Por ejemplo: qué fue lo mejor que te paso hoy o qué fue lo peor que te paso hoy. Te gustaría cambiar algo, pidamos un deseo juntos, etc”.

Dentro de los factores protectores de depresión que es importante aprender y recordar destacamos el desarrollar habilidades de comunicación en los niños y adolescentes. Entregar habilidades para solucionar problemas. Técnicas de relajación, potenciar la autoestima, entregar estrategias a los padres para regular el comportamiento de los hijos y hacer deporte.

Asimismo mencionamos los factores favorecedores de la depresión como los duelos, pérdidas importantes, abandono de una figura significativa, maltrato físico (golpes, cachetadas, zamarreo, quemaduras, coscachos, duchas frías) maltrato verbal (garabatos, palabras ofensivas o que denosten), maltrato por negligencia (dejarlos solo, sin atención cuando lo necesiten, no darles cuidados básicos como abrigo, comida o techo) abuso sexual o violación y bullyng escolar.

La especialista recomienda que hay que “recordar que los niños son “esponjitas” y desde que están en nuestro vientre, captan y entienden todo. Si como padres no estamos bien, tratarnos, debemos estar lo mejor posible y con capacidad de autorregularnos antes de nosotros contener  a nuestros hijos. No traspasar o mostrar los problemas de adultos (ellos se angustian sin necesidad, ya que además no pueden resolver nuestros conflictos). No formar triángulos con ellos y nuestra pareja, los niños no son palomas mensajeras. No comentar nada negativo del otro progenitor, ni de ningún familiar que el niño quiera”, concluye la psiquiatra.

Pero lo más importante de todo es darles tiempo, en cantidad y calidad, así como también es muy importante y fundamental como en toda relación humana, conocer a nuestros hijos, saber sobre sus gustos y sus emociones. La depresión es un mal de nuestros días, pero es nuestro deber como personas maduras y responsables, hacer algo por nuestros niños y adolescentes.